¿Sabes exactamente donde queda tu hígado? Está ahí, en la parte alta del abdomen, protegido por las últimas costillas del lado derecho. Y aunque pocas veces pensamos en él, trabaja sin descanso haciendo aproximadamente 500 funciones diferentes para que tu cuerpo funcione bien.

¡Sí, quinientas. No es un número simbólico. Es literal!


¿Qué hace el hígado por ti todos los días?

Tiene forma de triángulo, está dividido en dos lóbulos y cuenta con nueve zonas de trabajo, cada una especializada en un proceso químico diferente. Pesa entre kilo y medio y dos kilos, según la persona. Y es, por lejos, el órgano con mayor capacidad de regeneración en el cuerpo humano.

Veamos algunas de sus funciones más importantes:

  • Produce la bilis. Es la sustancia que se encarga de metabolizar las grasas: digerirlas, licuarlas y ponerlas en condiciones óptimas para que el cuerpo pueda usar las que necesita.
  • Produce el colesterol. Aquí hay un dato que sorprende a muchos: el colesterol no es un enemigo. Lo fabrica el propio hígado, y a partir de él se producen las hormonas masculinas y femeninas —andrógenos y estrógenos. El problema no es el colesterol en sí, sino los extremos: demasiado bajo, dejas de producir hormonas y pierdes fuentes de energía de reserva; demasiado alto, tapas las arterias.<, entre otras cosas.
  • Regula el azúcar en sangre. El hígado recoge el exceso de glucosa en la sangre, la transforma en glucagón y la almacena —parte dentro de él mismo, parte en los músculos. Cuando llevas muchas horas sin comer, es esa reserva la que se reconvierte en glucosa para que tu cuerpo siga funcionando.
  • Te desintoxica. Uno de sus trabajos más críticos. Por ejemplo, cuando comes proteína animal, se produce amoníaco como residuo —una sustancia químicamente peligrosa. El hígado la neutraliza, la convierte en urea y la elimina por los riñones. Si comes mucha carne, hay tanto amoníaco que el hígado no logra procesarlo todo a tiempo, empieza a dañarse, cicatriza... y esa cicatrización repetida es lo que eventualmente se llama cirrosis. Una cirrosis no alcohólica, es producida por el exceso de carne.
  • Produce los factores de coagulación. Cuando te cortas, tu sangre debería coagular en alrededor de 18 segundos. Eso lo hace posible el hígado. Si esos factores están bajos, hay tendencia a las hemorragias —y la primera señal suelen ser esos puntitos rojos que aparecen en la piel, los llamados "lunares rubí" o nevi rubí. No son inofensivos: son una señal de que el hígado no está produciendo lo que debe.
  • Metaboliza los medicamentos. El hígado procesa el 70% de todos los fármacos químicos que entran al cuerpo. Sin él, los residuos de esos medicamentos se acumularían produciendo efectos tóxicos crónicos y degenerativos. Eso explica por qué las personas que toman seis, ocho, diez pastillas al día de forma crónica, van sobrecargando su hígado hasta que este empieza a fallar.


Lo que pocos te dicen sobre enfermedades que crees conocer

Estos son datos que incomodan —pero que es necesario conocer.

  • La mitad de los casos de diabetes tipo 2 no son un problema del páncreas. Son un problema del hígado. Cuando se trata y desintoxica el hígado, el azúcar vuelve a niveles normales. No es teoría: es algo que se ha comprobado clínicamente.
  • La obesidad no produce hígado graso ¡El hígado graso produce obesidad!. Cuando el hígado está enfermo, no produce bilis suficiente, no puede digerir bien las grasas, no las elimina como debería —y el cuerpo las acumula. Es al revés de lo que siempre nos dijeron.
  • El 30% de las hipertensiones son señal de toxicidad hepática. No un daño renal ni arterial, sino el hígado trabajando mal. Y cuando se desintoxica el hígado, la presión vuelve a la normalidad.

¿Cómo saber si tu hígado está enviando señales de alerta?

El hígado no duele cuando empieza a fallar. No hay un síntoma dramático que te avise.
Por eso tantas personas viven con la condición sin saberlo. Pero hay señales más sutiles que vale la pena reconocer. Revisa estas 12 señales que ten un indicador inicial:

  • Cansancio inexplicable. El médico dice que todo está bien, que es la edad, o el trabajo o el estrés. Pero te agotas el mínimo esfuerzo. Ese agotamiento físico con pequeños esfuerzos, sin causa cardíaca ni metabólica evidente, apunta al hígado.
  • Tendencia a engordar sin cambios importantes en la alimentación.
  • Picazón en la piel, especialmente cuando sudas o haces ejercicio.
  • Manchas en la cara o en otras zonas de la piel.
  • Ojos con tono terroso, como sucios o empañados —no el amarillo clásico de la ictericia, sino un color que simplemente no se ve limpio.
  • Puntitos rojos en el cuerpo (nevi rubí o lunares rubí).
  • Mal aliento de tipo pesado y persistente —lo que se conoce como fetor hepáticus.
  • Hongos en las uñas del dedo gordo del pie. Sí, ese es el higado y cuando este se arregla esos hongos desaparecen. Las cremas antihongos solo tapan el daño.
  • Caída acelerada del cabello. El hígado controla la producción hormonal a través del colesterol, y muchos problemas de cabello —incluyendo la alopecia androgénica— están relacionados con alteraciones hormonales de origen hepático.
  • Irritabilidad, mal genio, frustración frecuente. No solo son respuestas emocionales: también son reflejos de que el hígado está deteriorado.
  • Amigdalitis crónicas. El canal de energía del hígado llega hasta las amígdalas, y hay inflamaciones crónicas en esa zona que tienen origen hepático.
  • En hombres jóvenes: crecimiento exagerado de tejido mamario (ginecomastia). Muchos adolescentes terminan en cirugías innecesarias cuando el problema real es un daño hepático producido por mala alimentación o medicamentos crónicos desde la infancia.

¿Qué está dañando tu hígado sin que lo sepas?

  • El alcohol. Sin que haga falta emborracharse, cada vez que alguien consume alcohol —así sea una, tres o cuatro cervezas— se produce lo que se llama una hepatitis subclínica: sin los síntomas visibles de una hepatitis clásica, pero con el daño celular ocurriendo.
    Si en un año consumes alcohol 50 veces, has tenido 50 hepatitis.
    En quince años, eso suma casi 800 hepatitis. La cirrosis, el hígado graso y el cáncer hepático que aparecen después ¡no son casualidad!.
  • La comida rica en grasas saturadas y la comida chatarra. Factor directo para el desarrollo del hígado graso.
  • El exceso de proteína animal. Cada vez que comes carne — de cualquier origen — tu hígado debe procesar el amoníaco que produce esa digestión. En exceso, ese amoníaco supera la capacidad de neutralización del hígado, destruye células y desencadena el proceso que termina en hígado graso y cirrosis.
  • Los medicamentos crónicos. Si llevas años tomando pastillas para la artritis, la hipertensión, la diabetes, las migrañas o los cólicos menstruales, tu hígado carga con un trabajo enorme: desintoxicar todas esas sustancias, todos los días. En algún punto, la sobrecarga pasa factura.
  • Las emociones no procesadas. La ira crónica, la frustración acumulada y los estados emocionales negativos tienen un efecto documentado sobre el tejido hepático. No es metáfora: es fisiología.

Si tienes alguna de esas condiciones —o varios de los síntomas mencionados antes— el hígado es el primer lugar donde hay que mirar.


Hígado graso: la enfermedad que la gente anuncia como si fuera poca cosa

Hay personas que reciben ese diagnóstico y lo repiten con una tranquilidad que sorprende. "Tengo hígado graso." Como si fuera algo menor ¡No lo es! El 30% de los casos de hígado graso terminan en cirrosis o cáncer hepático. Y si no se corrigen los hábitos que lo producen, no hay manera de saber si tú perteneces a ese 30% hasta que ya es demasiado tarde para revertirlo fácilmente.


La buena noticia: el hígado quiere recuperarse

Es el órgano más resiliente que tienes. Puede perder el 80% de su tejido y aun así regenerarse si se le dan las condiciones. ¿Qué significa eso? Que puede perder hasta el 80% de sus células antes de declarar insuficiencia. Lo que en términos prácticos quiere decir que ¡aguanta muchísimo! —y que cuando por fin da señales de alarma, ya viene cargando esa mochila desde hace tiempo . La buena noticia es que el daño se puede revertir —si se actúa a tiempo y se eliminan los factores que lo están produciendo.

No hace falta esperar años. Con el protocolo adecuado de desintoxicación, combinado con una limpieza del colon y una repoblación de la biota intestinal —porque hay una relación muy estrecha entre la microbiota intestinal y el hígado—, los cambios pueden ser rápidos y profundos.


Si alguna de las señales que describimos aquí te resultó familiar, no lo aplaces.
El hígado lleva tiempo trabajando en silencio. Ya es hora de prestarle atención.. Contáctanos

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