* articulo sacado del portal del www.pais.com
La empresa de productos ‘plant based’ acaba de ganar un juicio a la plana mayor del sector de la carne.
La nutricionista Lucía Martínez revela los argumentos acientíficos esgrimidos en su contra
- “Las personas vegetarianas tienen muchos déficits nutricionales”
- “hay nutrientes que sólo están en la carne”
- “no hay proteínas completas en los vegetales”
- “el informe de la IARC y la OMS sobre la carne roja no se basa en nada relevante”
- o “todo en exceso es malo”.
Estos son los comentarios del Maestro Gelva a la demanda y a lo escrito en el artículo de prensa, y también a nuestra mejor alimentación
Es probable que las frases de arriba suenen al típico debate en redes sociales donde un señor, ataviado con gafas naranjas, expresa sus opiniones en respuesta al discurso argumentado y sensato de una profesional sanitaria. O la cena de Nochebuena donde alguien con dos copas de más asevera que la OMS no sabe de qué habla, que el jamón está muy rico y se ha comido toda la vida.
Ojalá. Pero resulta que son argumentos esgrimidos en el informe técnico pericial que la plana mayor de la industria cárnica presentó en un juicio contra una empresa que fabrica carnes vegetales. Firmado por un catedrático. Lo sé, porque junto a mi compañero el doctor Luis Cabañas, redactamos el informe pericial de respuesta, y acudimos a argumentarlo a los juzgados como peritos en materia de nutrición y salud a principios de 2024.
Hablo de la demanda que en 2022, seis asociaciones del sector cárnico –Interporc, Provacuno, Interovic, Asici, Avianza e Intercun– presentaron ante el juzgado mercantil nº 12 de Barcelona contra Heura, una compañía catalana que produce alimentos similares a la carne pero elaborados con vegetales. Les acusaban de competencia desleal, confundir al consumidor y lanzar mensajes engañosos en sus redes sociales. Un David contra Goliat en toda regla.
Hace unos días la Audiencia Provincial de Barcelona dictó una sentencia que absuelve a Heura de la práctica totalidad de los cargos, y lo hizo con un argumento de peso: imponer la condena que pedía el lobby cárnico habría supuesto una “restricción inaceptable” (palabras textuales de la sentencia) al derecho fundamental a la libertad de expresión, reconocido en el artículo 20 de la Constitución. Pero de todo esto ya ha informado la prensa, yo os vengo a contar otra historia.
Cuando las abogadas que llevaban la defensa nos contactaron para darnos la información, para mí fue un shock. La demanda contra la comunicación de Heura no iba dirigida a algunas publicaciones concretas que hubieran considerado desacertadas, argumentando el porqué con evidencia sólida. No. Iban a por todo, a por cientos de posts de Instagram. Lo mismo incluían en su demanda un carrusel donde se explicaba un estudio científico reciente, que una publicación donde Buzz LightYear salía diciendo “protein, protein everywhere” (“proteína en todas partes”) en el conocido meme de Toy Story.

Más de 100 páginas de publicaciones en redes sociales que revisar y justificar. Esa era sólo nuestra parte, otra compañera experta peritó las publicaciones sobre sostenibilidad. Desconozco si el objetivo era hacer una demanda tan disparatada que fuera inabarcable de defender al detalle. Pero si era eso, fueron a dar en hueso. Las publicaciones se agruparon por temas y se justificaron. Una por una: por cierto, Buzz tenía razón.
También se dio respuesta al informe técnico de nutrición de la parte demandante. Aquí quiero detenerme un momento porque hay un detalle importante: el documento que presentó la parte contraria no estaba referenciado. Aunque incluía una parte de bibliografía al final, era imposible relacionar las afirmaciones que en él se vertían con la referencia correspondiente, porque no había alusiones a ellas en el texto que nos permitieran cotejarlo. Es decir, no cumplía los mínimos que hoy se exigen en cualquier TFG. Añadimos un nota sobre esto al inicio de nuestro informe, indicando textualmente al tribunal que nos resultaba imposible “distinguir lo que son opiniones o creencias personales de lo que es evidencia científica o posicionamientos oficiales de organismos competentes”.En un informe científico-técnico.
A partir de ahí, pasamos a redactar una respuesta, en la que tuvimos que argumentar, por ejemplo, aspectos relacionados con bioquímica básica. El informe señalaba que existen sustancias imprescindibles que sólo están en la carne y la hacían insustituible, obligándonos a responder lo siguiente:“Podemos concluir que la afirmación acerca de la insustituibilidad de la carne en la dieta es falsa y corresponde bien a una opinión del autor, bien al desconocimiento de los aspectos más básicos de la materia sobre la que escribe. Y que además contradice las recomendaciones de dieta saludable emitidas por el organismo competente en nuestro país. (…) Si se hubieran nombrado las sustancias imprescindibles que solo podemos aportar al organismo mediante el consumo de carne, podríamos haber ampliado la información al respecto, pero no se indica cuáles son”.
Respecto a la metodología científica, explicamos detalladamente por qué no se pueden hacer estudios de intervención en humanos con la carne procesada para comprobar que aumenta el riesgo de cáncer, ya que ningún comité ético lo aceptaría. Igual que no se hacen con el tabaco: el informe contrario se lamentaba de que dichos estudios no existieran.
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También nos tocó desmontar mitos que llevan obsoletos 40 años, como el de la combinación de las proteínas, o que no hay proteína completas en los vegetales:“No es necesario hacer combinaciones de alimentos en el mismo plato, ni siquiera en la misma comida, para asegurar el consumo de ‘proteínas completas’. Esta información se conoce desde los años ochenta, por eso nos sorprende sobremanera ver este tipo de argumentos en un texto técnico actual”.
Todo eso mientras obviábamos una sarta de prejuicios y juicios de valor contra las personas veganas vertidos con alegría en, recordemos, un informe pericial técnico. Incluso nos encontramos contraargumentando alegaciones tan sesudas como que “todo en exceso es malo” citando las zanahorias o el tomate para subrayar que no estaba justificado alertar contra el consumo de carne roja y desacreditar así el informe de la OMS- IARC. Esta fue la respuesta:
“Aunque ‘todo en exceso sea malo’, resulta que el consumo de carne procesada se asocia a un riesgo aumentado de cáncer en raciones de consumo totalmente modestas y habituales. Concretamente cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%, una ración perfectamente consumible de manera habitual”.
“Seguro que los autores del informe contrario estarán de acuerdo en que para que las zanahorias, el brócoli o los tomates nos causen algún daño, las cantidades consumidas deberían estar fuera de todo sentido común, y aún en esa extrañísima situación, siguen sin aumentar el riesgo de cáncer. De hecho, lo previenen. Esto es en realidad de perogrullo, pero dado el uso de ese tipo de argumentación que se está haciendo, había que señalarlo. La comparación, sencillamente, es absurda”.
Hasta yo hubiera podido hacer una defensa más solvente del consumo de carne que el de ese informe, que por supuesto también incluía la clásica alusión a nuestros ancestros de hace 100.000 años (me decepcionó un poco que no apareciera el argumento de la isla desierta, la verdad). Más allá del chascarrillo, no olvidemos que la demanda se perdió en primera instancia, que fue un juicio de varios días, y que, aunque aquí hablamos sobre nutrición, también se debatió con otros expertos la sostenibilidad de la carne frente al plant based y la percepción del consumidor sobre si esos productos eran o no vegetales.
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A pesar de eso, Heura tuvo que recurrir a la Audiencia Provincial para conseguir la victoria: el lobby cárnico ganó de entrada con esos argumentos, que no se nos olvide. Ahora hacemos bromas, pero es por no llorar. Aún así, les guste o no y dicte la judicatura lo que dicte, promover la transición hacia dietas más vegetales no es la idea publicitaria gamberra de unos chavales que venden hamburguesas de soja. Es una recomendación oficial de salud pública mundial y no deberíamos tener que defenderla en un juzgado. Pero ahí estamos, y ahí estaremos.
En este sentido, me parece importante la reflexión de Marc Coloma, cofundador de Heura, sobre el papel de una divulgación científica rigurosa en el marco empresarial, que demasiado a menudo brilla por su ausencia: “La ciencia es una de las herramientas más poderosas para transformar el sistema alimentario. Solo acercando la evidencia a las personas podemos impulsar decisiones más informadas y acelerar la transición hacia un futuro más saludable y sostenible”.
Esta batalla la ha librado una empresa, que por su comunicación y sus productos, consiguió sobresalir un poco o llamar la atención. Pero lo que buscaban los demandantes no era “defenderse” de un “competidor” que a su lado es una hormiguita que no les hace ni cosquillas. Creo –es mi opinión personal– que se buscaba una sentencia ejemplarizante que callara a cualquier otra empresa, actual o futura, que se planteara comunicar usando la evidencia científica en pro de dietas con menos carne o abogando por el 100% vegetal.
También me parece pertinente poner de relieve la incoherencia pasmosa que supone demandar a quien apela a la ciencia en su comunicación corporativa a la vez que se intenta hacer exactamente lo mismo con científicos a sueldo, como contamos hace poco en el artículo Comer menos carne sigue siendo lo mejor para el planeta (aunque su industria diga lo contrario) Las campañas financiadas por la UE para defender la sostenibilidad del vacuno chocan con la evidencia científica: tomar menos productos cárnicos y más legumbres reduce el impacto medioambiental de la alimentación, además usando para ello financiación europea. Esta lucha en los tribunales no es una excepción ni una anécdota: la Interprofesional Láctea también procuró que las pequeñas queserías vegetales se pusieran firmes y cambiaran sus nomenclaturas. Puede parecer una tontería, pero para una pequeña empresa, modificar todos sus envases, web, comunicación, etc, supone un trastorno y un gasto económico muy importante. Es disuasorio.
También en la Unión Europea lideran luchas de desgaste, como la de la nomenclatura, que llegó también al congreso español. Os alegrará saber que “hamburguesa” se salvó tanto en Europa como en Barcelona, y la sentencia que hoy nos ocupa permite etiquetar como “hamburguesa”, “chorizo” o “salchichas” a las alternativas vegetales, si indican que lo son. Incluso permite usar dibujos de animales; ojo con confundirse en el súper.
Hace más de diez años que sabemos que la industria cárnica tiene una agenda marcada, y contrarrestar la evidencia científica que avala la reducción del consumo de carne es una de sus principales líneas estratégicas. Tienen los recursos para contratar a los mejores expertos en marketing y en comunicación, pagar a los mejores abogados, sufragar estudios científicos diseñados a su favor o poner publicidad en todos los medios. También tienen la falta de escrúpulos necesaria para ir en contra del interés general de la población y a favor de su bolsillo. Y ganan muchas veces, pero no todas.


